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Presentación de la web del Bicentenario Málaga 1810 – 2010

19:30 Reporter: Jorge Pizarro 0 Comentarios

Los actos tendrán lugar los días 29 de Enero, 5, 6 y 7 de Febrero de 2010.


A tan sólo un mes de los Actos Conmemorativos del Bicentenario de la Guerra de la Independencia en Málaga, centrados en el aniversario de los hechos ocurridos en 1810, la Asociación Histórico – Cultural “Teodoro Reding” ha dado a conocer públicamente la página web oficial del evento.

Este portal, que sin haber sido presentado ya cuenta con más de 1.000 visitas, a través de varios apartados diferenciados, explica de una forma sencilla la sublevación del Coronel Abello y el levantamiento del pueblo malagueño el 24 de Enero de 1810 y la entrada de las tropas imperiales napoleónicas en Málaga el 5 de Febrero, así como los principales protagonistas de aquellos acontecimientos.

Además informa sobre varios aspectos de la conmemoración, tales como el sentido de divulgar ese desconocido episodio de nuestra historia, qué es la Recreación Histórica, la trayectoria del colectivo organizador del evento, los colaboradores y, próximamente, los grupos de Recreación Histórica que, procedentes de toda España y varios puntos de Europa, participarán en esta espectacular “clase de historia visual”.

En adelante se irá actualizando continuamente con nuevos contenidos conforme se vaya acercando el evento y, tras éste, quedará como una página de divulgación histórica de los hechos.

La dirección es: http://www.malaga1810.wordpress.com/



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Un tesoro arqueológico bajo el agua

15:35 Reporter: Jorge Pizarro 0 Comentarios
Andalucía cuenta con un tesoro arqueológico de valor incalculable bajo el agua. Buques hundidos, estatuas medievales, cerámicas y otros restos yacen en el fondo marino que rodea al litoral andaluz. El Centro de Arqueología Subacuática (CAS) de Cádiz se ocupa de la documentación, conservación, estudio y difusión de estas riquezas históricas.
Carmen García Rivera, directora del CAS, explica que la Batalla de Trafalgar, que tuvo lugar en 1805 cuando los aliados intentaron derrocar a Napoleón, es la línea de investigación principal en la comunidad. Así, yacimientos como el Bajo de Chapitel (Cádiz) cuenta con 28 cañones de hierro y numerosos restos cerámicos que podrían pertenecer al naufragio del 'Bucentaure', un buque que participó en esta contienda.
Por otro lado, el yacimiento de Punta de la Mona, en Almuñécar (Granada), el de Los Escullos-El Águila (Almería), o el de Los Santos en Benalmádena (Málaga) son algunos de los más abundantes. Este último ha permitido la recuperación de estatuas de corte clásico que representan a Dionisio, Cupido y otras divinidades.
A la hora de estudiar los tesoros que se encuentran en las aguas andaluzas, los científicos se tropiezan con un dilema, o bien extraer los objetos del fondo para su mejor datación histórica y para exhibirlos en museos, o bien renunciar al conocimiento histórico en favor de la conservación de estos restos y estudiarlos in situ. En ambos casos los investigadores precisan de una tecnología muy sofisticada para localizar y estudiar estas reliquias subacuáticas.
De esta manera, el investigador de la Universidad de Málaga Javier Laserna colabora con el CAS en una novedosa técnica, electroscopia de plasma inducido por láser, que sirve para reconocer el fondo marino en busca de tesoros.
«Esta técnica permite detectar la presencia de elementos y determinar su concentración y abundancia», subraya Laserna, quien añade que se trata de «un instrumento único en su especie a nivel mundial» y muy necesario para explorar el fondo del mar sin usar técnicas invasivas que puedan llegar a deteriorarlo.
Por otro lado, la Unidad de Buceo Tecnológico y Científico de la Universidad de Cádiz trabaja en una moderna línea de investigación, la arqueometalurgia, que sirve para investigar la naturaleza química de los materiales encontrados, un aspecto clave para datar los tesoros hallados o descubrir el uso que tenían en el pasado. Además, estos conocimientos ayudan a encontrar la mejor manera de conservar o estudiar in situ estos objetos.
Patrimonio sumergido
No obstante, una de las tareas más importantes de cara a la labor que desempeñan los investigadores que buscan y estudian reliquias submarinas es la documentación, según destaca la directora del CAS. Es decir, la identificación y evaluación de toda la información procedente del patrimonio arqueológico sumergido en una misma base de datos para que los expertos en este campo puedan compartir los resultados de su trabajo.
Esta fue una de las primeras misiones que recibió el CAS y se trata de un proyecto abierto, ya que los expertos no paran de sumar nuevos datos y descubrimientos. Para esta labor, el centro andaluz se ha centrado en los restos que han quedado de la Batalla de Trafalgar, y ha realizado una primera fase para localizar y analizar las diversas fuentes documentales y arqueológicas que pueden ofrecer información de dónde se produjeron naufragios.
Una segunda etapa en la que se han llevado a cabo diversas campañas de prospección geográfica y visual en estas zonas para localizar posibles navíos hundidos, y una tercera para sondear los yacimientos encontrados. El objetivo es saber qué regiones son más ricas y a la vez más vulnerables a la erosión.

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En la Gendarmería Imperial, también hubo españoles

16:56 Reporter: Jorge Pizarro 0 Comentarios

Koldo Sebastián, licenciado en Historia por la Universidad de Zaragoza, ha obtenido una beca Cehimo por su proyecto "La Gendarmería Imperial en la Comarca del Cinca Medio", en el que investiga un cuerpo que Napoleón introdujo fundamentalmente "para controlar más de cerca a la población y combatir la guerrilla". Muy presentes en Aragón, también contaban con españoles que al acabar la guerra se tuvieron que exiliar. Además, compara a España y Austria tras la expulsión de los jesuitas en la tesis doctoral que prepara.
Durante la Guerra de Independencia, Napoleón introdujo en España la Gendarmería Imperial, "una institución para controlar más de cerca a la población" y que en Aragón "estuvo muy presente, sobre todo combatiendo a las guerrillas", explica el historiador baracaldés Koldo Sebastián, cuyo proyecto "La Gendarmería Imperial en la Comarca del Cinca Medio 1810-1814" ha sido premiado con una Beca de Investigación Joaquín y Mariano de Pano, concedida por Cehimo (Centro de Estudios de Monzón y Cinca Medio).

No se conoce el número exacto de personas que integraron la Gendarmería Imperial, pero Koldo Sebastián precisa que "las diferentes agrupaciones, que se dividían en escuadrones, tenían un tamaño determinado en función del lugar". Sí se sabe, por ejemplo, que, durante la última fase de la Guerra, Monzón albergó a cien gendarmes imperiales.

Estos efectivos españoles fueron muy útiles para el Ejército francés, ya que "conocían el terreno" y fueron "muy activos contra los guerrilleros".

Tanto franceses como españoles formaron parte de este cuerpo. Pero, a diferencia de los españoles que apoyaron por convicciones a los franceses, los españoles que se alistaron en la Gendarmería Imperial "no eran afrancesados", pero "tampoco eran mercenarios". Sebastián explica que "se tiende a diferenciar en bandos pero, acercándonos al pueblo, observamos que no existía un partidismo tan claro y muchos habitantes estaban a lo que ocurría. Los gendarmes españoles eran personas normales a los que la presencia francesa les favorecía. Además, formar parte del Ejército daba prestigio entonces".

Tras la expulsión de los franceses, estos españoles correrían el mismo camino y fueron conducidos a Olorón, punto en el que se encuentra actualmente la investigación de Sebastián.

Este cuerpo del Ejército napoleónico participó en varios hechos históricos de primer nivel. Quizás el más famoso fuera el sitio que sufrió Monzón entre septiembre de 1813 y febrero de 1814, aunque "fue una batalla muy pequeña para intentar frenar el avance español hacia Cataluña". La importancia de esta batalla radica en que los documentos conservados "dan una visión muy clara de cómo era la vida cotidiana durante un asedio".

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Un libro refleja la historia de los jefes de la guerrilla extremeña entre 1808 y 1812

11:20 Reporter: Jorge Pizarro 0 Comentarios
Más de un centenar de comandantes guerrilleros recorrieron Extremadura de norte a sur y de este a oeste durante los largos años de la Guerra de la Independencia. Estos líderes nacidos del pueblo lo mismo eran hacendandos o hidalgos que simples campesinos, pero todos estaban guiados por su «ardor patriótico», poniendo en jaque las comunicaciones y el abastecimiento del invasor.
Gran parte de la historia de estos héroes casi desconocidos puede leerse en el libro 'La guerrilla patriótica en Extremadura. 1808-1812', un trabajo de investigación de Fernando Flores sobre el movimiento de la guerrilla extremeña durante la Guerra de la Independencia que ha publicado la Editora Regional y ayer se presentó junto a un poemario del joven autor cacereño Mario Lourtau. Se trata de las dos últimas ediciones de la entidad en el año 2009.
El director de la Editora Regional, Luis Sáez, explicó en rueda de prensa celebrada en la Biblioteca de Extremadura, que estos dos trabajos responden a los objetivos de la entidad de dar a conocer nuevos y jóvenes creadores extremeños y de «rescatar» el patrimonio en «humanidades» de la región. Al acto asistieron los dos autores y el director general de Promoción Cultural, Javier Alonso de la Torre, informa Europa Press. Fernando Flores explicó que la pretensión» del libro 'La guerrilla patriótica en Extremadura . 1808-1812', es dar a conocer el fenómeno «popular guerrillero» que fue «génesis» de este movimiento contemporáneo. Flores señaló que Extremadura fue durante al Guerra de la Independencia un «territorio destacado» en las «correrías» de estos grupos, una historia que, dijo, «merece la pena que se divulgue» y para la que ha trabajado en archivos nacionales, provinciales y municipales, recopilando datos.
El libro se estructura en dos partes, una primera dedicada a las partidas guerrilleras y sus características propias en la región extremeña, como su atomización y dispersión o el ser «pionera» en la denominadas guerrillas de «cruzada» de índole religiosa. La segunda, se centra en las historia de los comandantes guerrilleros extremeños más destacados.
'Catálogo de deudores'
En cuanto al libro de poemas que presentó Mario Lourtau, bajo el título 'Catálogo de deudores', su autor señaló que recoge una serie de poemas en los que repasa sus propias «deudas poéticas» con la literatura, los recuerdos vitales personales y los autores que le han influido. El poemario comprende tres áreas temáticas que de forma variada hacen que su contenido llegue de forma fácil al lector, como son las experiencias vitales del autor; otra «más intimista» dedicada al amor «desde la distancia y el fracaso» y una tercera área de expresión dedicada «pagar las deudas» con los autores que le «calaron fuerte».
Javier Alonso de la Torre declaró que la Editora Regional pretende completar las opciones de ocio con una variada oferta literaria cuya «disparidad confirma» el objetivo de poner a disposición de los lectores un «catálogo plural» para todo tipo de público, recoge EFE.

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Napoleón y sus batallas olvidadas en Guadarrama

13:25 Reporter: Jorge Pizarro 0 Comentarios
Diciembre de 1808, Napoleón Bonaparte sale de Madrid a la caza del adversario inglés. En su carrera contra el tiempo, afronta un lance cuya odisea se integra en la crónica desconocida de la ocupación francesa, el paso del Guadarrama. El desafío a una modesta cordillera del centro peninsular, pudo significar el mayor descalabro sufrido por el ejército más poderoso de la Edad Moderna
Es la mañana de Nochebuena, una intensa tempestad azota las cumbres serranas, ocultas tras la gélida niebla invernal. De las entrañas del vendaval surgen voces entrecortadas apenas perceptibles para el oído de cualquier ser vivo que haya osado retar a la furia de los elementos: ¡Avant, avant, tous devance! Penosamente, un hombre vestido de uniforme, con un grueso mostacho plateado, lucha por ascender esa maldita rampa en tanto que a su lado un caballo queda varado en un ventisquero, espumeando grotescamente por los belfos. Detrás, inmersos en la neblina, se adivina un grupo de soldados ateridos que usan los fusiles como bastón pugnando por mantener el equilibrio en medio de aquel infierno de hielo.Unos metros más bajo, varios artilleros mueven a brazo un cañón cuyo tiro ha quedado tumbado en el suelo agonizando de agotamiento. El esfuerzo sobrehumano menoscaba lentamente a la larga columna militar que ha retado al duro entorno montañés. A pesar de ser mediodía, la oscuridad es tal, que los hombres se dan la mano para no extraviarse, lo que equivaldría a una muerte segura: son gente extraña en un país extraño en el que no se lucha contra un ejército, sino que se combate contra la climatología.El peor campo de batallaCuando aún no han completado la mitad de la ascensión, veteranos grognards, orgullosos vencedores en tantos campos de batalla de la vieja Europa, comienzan a claudicar, las fuerzas están al límite, pero es necesario avanzar.La caballería echa pie a tierra y los jinetes forcejean con las bridas de sus cabalgaduras, que exhaustas rehúsan seguir adelante. No comprenden que es imperioso detener a la vanguardia británica que lucha junto a esos españoles que se han levantado contra el Emperador, hay que continuar cueste lo que cueste. El sexto cuerpo de ejército francés pelea contra su propio orgullo el día en que todos esperan al Salvador, aquel que traería la paz mientras se disputa una guerra.Un descanso, un alto en el camino que regenere transitoriamente las energías de la tropa, apresada por un frío que ni tan siquiera en Polonia había padecido, se da la orden de no tumbarse y no permanecer quieto, pero algunos soldados, profundamente malhumorados, desobedecen la decisión. Después no volverán a levantarse.Sólo un hombre, Napoleón, sería capaz de arrastrar a una fuerza en tal estado con tan sólo una palabra: ¡Allez! A la voz, todos los pelotones forman para continuar el calvario que todavía les resta para coronar ese miserable puerto, antes desconocido pero que quedará grabado para siempre en su memoria. Desmontando de su caballo y afianzándose en el brazo de su amigo Savary, el caudillo galo prosigue la marcha convencido de que esta, será otra victoria más. Las nevadas rampas de La Tablada hacen frente a la Grande Armée, en un intento desesperado de paralizar la obstinada maniobra, la climatología combate del lado hispano ante la carencia de una cruzada que detenga el avance invasor, pero la vanidad extranjera es desmedida y el empeño tiene finalmente su fruto. Cuatro horas después las primeras avanzadillas llegan a la cresta del camino, y divisan la figura granítica de un león envuelto entre brumas que con la expresión pétrea de su faz, les ha demostrado cuán dura será su empresa en el futuro

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Guerra y arte ¡El legado de Goya!

15:06 Reporter: Jorge Pizarro 0 Comentarios
Esta exposición, que trata de obras producidas por el arte de hoy sobre imágenes que generan las guerras, se declara como una muestra pacifista “militante y convencida”, y se sitúa en la línea abierta por Goya cuando estampó Los desastres de la guerra, aguafuertes de patetismo radical que cambiaron la conciencia de Occidente sobre la relación entre el poder y la guerra. Hasta Goya, los cuadros de batallas y las esculturas y monumentos de guerreros se habían utilizado como elemento “de representación” del poder (sólo los poderosos pueden declarar guerras, pues son dueños de la vida y la muerte de sus súbditos), y también como arte de propaganda. Pero a partir de Goya -como dice José Manuel Costa en el catálogo de esta exposición- se abrió paso “una visión de la guerra en la cual su brutalidad inmanente apenas se veía acompañada de algún mérito que justificara sus elementos ideológicos. Las artes visuales reaccionaron en consecuencia”, y sus obras dejaron de formar parte de la iconografía del poder. Es, pues, natural que Mariano Navarro, comisario de esta exposición, la haya titulado con el enunciado de uno de esos aguafuertes: ¡Grande hazaña! Con muertos, donde se condenan por igual las heroicidades despreciables de los invasores y de los invadidos en la Guerra de la Independencia, como documenta esta estampa en la que “se cuelgan de un árbol los cadáveres desnudos de tres hombres descuartizados y castrados. Es la esencia de la guerra misma, y su condena”. La primera parte de la exposición se dedica a entender la guerra como un aspecto del problema de la violencia. En la crítica de estas exposiciones colectivas de gran formato y de géneros diversos (se muestran aquí pinturas, esculturas, fotografías, vídeos e instalaciones de una treintena de artistas del circuito internacional) resulta imposible detenerse en apreciaciones particulares. Dentro de esas limitaciones, destacamos en la sala primera, dedicada a la violencia “de género”, una obra-emblema: la instalación escultórica del portugués Julião Sarmento, titulada Te quiero demasiado (con caja) (2006), en la que una figura de mujer, enlutada y encapuchada, aguarda sentada al borde un enorme embalaje de madera. En el ámbito dedicado a la violencia “del grupo de familia”, se impone el vídeo In ictu oculi (2009), de Greta Alfaro (última ganadora del Premio de Fotografía El Cultural), con el festín alegórico que se toman unos buitres sobre la mesa campestre de un almuerzo familiar. En el apartado de violencia “social” se subrayan dos obras: los insultos que se reparten, entre dos pantallas, los protagonistas del vídeo Megadawn vs Chikiflay (2002), de Juan López; y el filme claustrofóbico The Wiew (2005), del iraní Azari, en que dos encarcelados “se” cuentan lo que sucesivamente ven por el ventanuco de su celda. En fin, en el capítulo sobre violencia “política” impactan las fotos arquitectónicas “baleadas” (con munición de 9 mm. Parabellum), del cubano Carlos Garaicoa, y la gran foto A réquiem. Oswald (2006) en la que el japonés Morimura reconstruye e interpreta a todos y cada uno de los personajes de la célebre escena documental del asesinato de Oswald en 1963. Otra pieza de interés sobre imágenes manipuladas es el despiece que el cubano Diango Hernández hace del molde en yeso de una escultura “oficial”de Lenin. La segunda parte de la muestra es una panorámica de imágenes interpretativas de las guerras contemporáneas. El montaje expositivo persigue dos fines: declarar que no hay guerras justas y rendir homenaje a las víctimas de todas las guerras. Creo que merece la pena seguir esta panorámica notando hasta qué punto los “artistas de guerra” han adoptado criterios del arte de “micropolíticas”, interpretando las guerras desde la perspectiva intimista de los iconos cotidianos y de las imágenes de lo marginado (lo dejado fuera de las recensiones “históricas”), intentando hacer del arte una metáfora de nuestra propia capacidad de acción. Así interpretaremos de manera viva los actuales “juegos de la guerra” que fotografía Abramovic, el memorial de Bleda y Rosa sobre las cifras desnudas de los muertos en la segunda guerra mundial, la belleza perversa de las explosiones nucleares que dibuja Longo, los frames del vídeo clandestino rodado por Jacyr en un paso fronterizo de la guerra palestino-israelí, el vídeo de Alfredo Jaar sobre los efectos de la guerra anticolonialista de Angola (1975-2002), la perversión de la guerra de los Balcanes (1992-1995) “superada” en la belleza del tríptico barroco de Ambra Polidoro y en la versión de fotos de prensa de Simeón Saiz Ruiz… Están también los testimonios de Neil Hamon, Eric Baudelaire y Rogelio López Cuenca sobre la escenificación, el simulacro y las mentiras visuales de la guerra de Irak. Y la muestra se cierra con un recordatorio para la guerra civil española, con las imágenes renovadoras de Javier Arce (contra la mitificación del Guernica), de Fernando Sánchez Castillo (maqueta de la protección del monumento a Felipe IV en el Madrid bélico), de Eugenio Ampudia (el vídeo con los exiliados atravesando el paso de Le Perthus), y de Javier Ayarza (la foto de la fosa común transformada en parque infantil). Una exposición apasionada, que pide sentimiento limpio y mirada nueva.
José MARIN MEDINA

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El pontón de los proscritos

21:39 Reporter: Jorge Pizarro 0 Comentarios

La tribulación olvidada de los 157 franceses residentes en Cádiz en 1808 a los que los españoles confinaron en un buque en ruinas · Muchos de ellos tuvieron que perecer por el hambre y las fiebres · Su sufrimiento es sólo un renglón de la Historia.


Cádiz celebra dentro de dos años el Bicentenario de la Constitución del Doce y San Fernando ya ha estrenado la iluminación para conmemorar la resistencia al francés del Diez. Es el momento de recuperar 157 nombres, los de los franceses que vivían en Cádiz durante el asedio y que fueron recluidos por los españoles en el pontón Rufina, un buque en ruinas, en el saco de la Bahía, tan cerca de los lugares veraniegos en los que los turistas, muchos de ellos franceses, se acangrejan en verano. 200 años atrás sangre francesa sufrió justo enfrente, confinados en ese pontón, hambre, disentería y fiebres. ¿Cuántos murieron abandonados? No se sabe.Ésta es la historia, pongamos por caso, de José Caindel y Lorenzo Labartbe. No sabemos nada de ellos. Todo lo más que el primero era criado de la posada La Perdiz, que está situada, en 1808, en la plazuela del Palillero y que, aunque no tiene el renombre de otras, es un sitio limpio al que acuden comerciantes de segunda. El segundo es mozo del café del Ángel, en la calle Santo Cristo, honorable lugar. José y Lorenzo, franceses como tantos en el Cádiz de la época.La historiadora Hilda Martín ha buceado en el Archivo Histórico Nacional hasta hacerse con el legajo donde aparecen los nombres de los 157 hijos de Francia represaliados, confinados y desnutridos durante el asedio de la ciudad. Afirma la historiadora que "los franceses ocupaban el segundo lugar en número de extranjeros en el Cádiz de la época. Se ocupaban de oficios de baja cualificación. Eran sirvientes de familias acomodadas porque contar con personal francés entre el servicio acrecentaba de cara al exterior el poder económico de la familia en cuestión. Algunos ascendieron en la escala social y se hicieron un hueco entre los artesanos de la ciudad". Pero ya hemos visto que José era criado y Lorenzo mozo. En concreto, según el censo de la época, en 1808 vivían en Cádiz 642 franceses y 81 francesas. Sólo eran superados en número por los mil y pico italianos, muchos de ellos de buena posición social, sobre todo los genoveses. Humildes pero queridos, no se olvidaba que habían sido aliados españoles durante décadas y juntos habían vivido el desastre de Trafalgar, del que no hacía tanto tiempo, apenas tres años. Y ahora era todo lo contrario.Seguramente el criado y el mozo hablaran de ello en el café del Hondillo con el resto de sus compatriotas. El café, en la calle que le daba nombre, era propiedad del francés Juan Lafont y el que servía era Juan Lacaste, otro francés. Puede uno figurarse las charlas en ese lugar, que no era de los de mejor fama. En el Hondillo los franceses tenían que recibir noticias de una guerra total, de una invasión de sus compatriotas que incluía el saqueo y la violación. El terror. Pero también tendrían que saber el triste destino de los prisioneros que hacía la guerrilla española y del miedo de una leva obligada a venir a España, al punto que muchos de los futuros soldados se rociaban los dientes con ácido para perderlos y así ser inservibles para el servicio, inservibles para morder la munición y cargar el arma, como recuerda el historiador francés Gerard Dufour: "Napoleón calificó la campaña como desgraciada guerra de España y Francia sigue aplicando el propio sistema inventado por el emperador : silenciar las derrotas y hablar únicamente de sus hazañas personales. Nada sabe un escolar francés del destino que corrieron muchos de sus compatriotas en España". Lo que no tenían por qué saber los parroquianos de El Hondillo es lo que aparece en algunos documentos del Archivo Histórico, ni tampoco saber quién era un tal Juan Thomas Laurès, que escribe en lo que queda del otoño de 1808 desde El Escorial, pidiendo clemencia a quien corresponda. Es prisionero del rey español al que juró lealtad y de la milicia española en la que sirvió. Su delito es ser francés. Tampoco saben nada de una mujer de nombre María, sevillana, que suplica que su marido Daniel, francés, sea puesto en libertad porque el negocio del que malviven se va a pique. Dice María en su carta que su marido siempre ha sido leal a España, lo que pueden atestiguar testimonios de vecinos que remite en su súplica. Quizá sí haya llegado al Hondillo la indignación de un respetable gaditano de nombre Gregorio de Condon, abogado de los reales, que anda estos días intentando explicarse cómo es posible que haya sido rechazada su solicitud para formar parte del voluntariado de los batallones distinguidos. El único motivo que le han dado es que su padre era francés. Todo es confuso para estos criados, que escuchan a los más informados decir que muchos españoles ilustrados aceptan la deshonrosa renuncia de los borbones en Bayona y aceptan el reinado de Pepe Botella.Corre junio de 2008, están frescos los sucesos de Madrid. Primero se puede leer un edicto en el Diario Mercantil que conmina a los franceses residentes en Cádiz a jurar la bandera española. No era extraño. En los territorios ocupados se obligaba a los españoles a jurar lealtad al hermano de Bonaparte. Poco después sale un nuevo edicto en el que se lee "amigos franceses: luchemos contra el tirano Bonaparte". No sabemos si juraron o no juraron el mozo y el criado, pero posiblemente les hubiera dado igual porque el siguiente paso es desposeer a los franceses de sus comercios y echarles de sus empleos. Aunque no haya constancia, podemos dar por hecho que los criados no tendrían posibilidad de volver al Hondillo, porque sería clausurado como lugar de conspiración, y que un día les dirían en La perdiz y en el café del Ángel que ya no volvieran por allí. Se encontrarían José y Lorenzo en la calle y sin modo de ganarse a la vida por lo que serían calificados de indigentes. Era el segundo paso. Porque un miembro de la aristocracia ociosa y belicosa, Marqués de Villael, un tipo odiado por los gaditanos por sus modales pedantuelos, firma el destino de nuestros hombres. Los franceses que no puedan justificar un modo de ganarse y la vida, y ellos no podían porque se había ordenado que no pudieran, serían confinados. España tiene un nuevo aliado, Inglaterra, y adopta algunas de sus costumbres. Por ejemplo, colocar los presos que les sobran en pontones. Y ahí entra en juego una nebulosa, un renglón de la historia: el pontón Rufina. Mientras los franceses de cierto nivel pasan el asedio encerrados en el castillo de Santa Catalina, José y Lorenzo son llevados al buque de los proscritos. Rafael Maestre, comandante de los pontones entre 1809 y 1810, el tiempo estimado que estos gaditanos de sangre francesa pasaron allí, habla abiertamente que en el hacinamiento de sus presos hay "miseria, desaseo, desnudez y penuria". Hilda Martín no tiene ninguna duda de que muchos murieron allí, sobre el mar, junto a la orilla de Cádiz.Sin embargo, hay algún testimonio, como el de Sebastián Blaze, farmacéutico del ejército de Napoleón y prisionero en Cádiz, que cuenta en sus Memorias de un boticario cómo alega una falsa enfermedad para ser trasladado al hospital y allí se encuentra con numerosos franceses residentes en Cádiz, que "son tratados con más consideración que el resto de los prisioneros. A menudo son llevados a Segunda Aguada para tener noticia de sus mujeres, hijas o amigas". Según considera Ramón Solís en su libro El Cádiz de las Cortes, un clásico de la historia local y que fue prologado por Gregorio Marañón, "la custodia estaba tan abandonada que muchos pudieron fugarse y la prisión de estos franceses españoles no debió de ser larga y regresaron a sus oficios y profesiones".Lo cierto es que en los siguientes censos de la ciudad, una vez finalizada la invasión, el número de los franceses desciende drásticamente. No está claro que regresaran a sus oficios y profesiones. No tiene mayor rigor que el cotejo, pero apenas queda ningún apellido ni ninguna derivación de los 157 habitantes del pontón, del campo de concentración de la retaguardia.En otro libro de referencia, El asedio de Cádiz, de Adolfo de Castro, se cuenta el "horroroso temporal" que sacude el litoral los días 6, 7 y 8 de marzo de 1810. "Desamárranse tres navíos y una fragata de guerra españoles, y van a dar en las costas de Puerto Real. Sálvanse, como pueden, los marinos, combatidos por el huracán y los fuegos enemigos y auxiliados por las cañoneras y los botes de la escuadra británica. Un navío de guerra portugués y veinte buques mercantes son víctimas del furor del viento y las olas".Bajo el temporal hay un endiablado cruce de cañonazos. Cuenta Castro que "los prisioneros en uno de los pontones cortan las amarras y van a dar en las costas del Puerto de Santa María, bajo bandera francesa. Sálvanse a nado y reciben el auxilio y el aplauso de sus compatriotas". ¿Fue el Rufina? Hilda Martín lo duda, ya que el temporal ocurrió dos años después del inicio del confinamiento y en Cádiz había más de 3.500 presos franceses que venían del grueso de la tropa del derrotado Rosilly. Pudo haber sido cualquier otro pontón. Aun así, sería un bonito final para el criado y el mozo, José y Lorenzo, huyendo de la infamia, de aquellos vecinos que les condenaron al hambre y al abandono por ser franceses

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